Vuelve, igual.

Recorres con tanta naturalidad nuevamente mis sensaciones.

Vuelves, como siempre, a ser la protagonista.

Lo eres, como siempre, todo.

Y tengo tanto que hablar, que decir y que contarte.

Sabes que quiero amarte. Que te espero y sueño con tus besos.

Yo por ti, más que perder, más que sufrir, quiero sonreir.

Por ti, solo por ti, deseo ser feliz. 

Es lo que mereces, un mundo de silencio. 

Y palabras, como en el viejo tiempo, decíamos con los labios, rozándolos.

Jamás sabré lo que es vivir sin ti, si por ti vivo.

Cada noche, me duermo con tu forma de caminar al ritmo de mi pulso.

Esa piel de aroma a flores, esos ojos que cantan canciones.

Noelia… Tu nombre es un poema.

Con colores, aromas y sensaciones. 

Armonía en tonalidades, vibraciones. 

La caída… de tu cielo hasta el infinito.

Por ti hasta el infierno iría, pero no sueltes mi mano.

Qué deseo contigo conquistar el universo de a poquito.



Por las mañanas.

Algunos, amarrados con cadenas a las rejas. 

Esos, los más silenciosos. 

Por la mañana de los días sábados, se ve a la gente salir.

Los dejan afuera, esperando que los vacíen.

Se escucha el camión, es la base de la canción.

Los sonidos altos son los choques de ellos con los fierros.

Y el golpe que se produce al cerrarlos, el contratiempo.

Sus ruedas al girar es el coro, de la sinfonía de los basureros.

La gente, después de eso, termina la canción, guardándolos.

hasta otra mañana. Cuándo no den más de llenos, de desechos cotidianos.

Cuando los vuelvan a vaciar.

Música ambiental.

En la villa, dónde a tomar el transporte, a paso apurado.



Me dolió. Me sigue doliendo. Y veo difícil que me deje de doler.



Punto.

El sentir.

Simplemente.

Es cuando se convierte algo insignificante.

En algo realmente importante.

Que cambia todo.

El transcurrir de los días. 

El deseo.

Ver las estrellas fugaces que atraviesan el cielo.

Cuando sentados bajo la noche, las apuntamos con el dedo.

Somos dos, insignificante, poco relevantes.

Pero cuando juntos nos subimos a las estrellas.

Nos afirmamos bien, y velozmente atravesamos todo junto con ella.

Oscuro cielo, la luna y su luz que alumbra la noche. 

Nuevamente. 

Por favor, amémonos. 

Todo lo entrego.

Nuevamente.



Presente desconforme.

Los ojos de nuestras fotos. 

El momento sucedió, y hoy solo es un recuerdo.

Soñamos y millones de abrazos, son pasado.

Sueños, que en nuestros ojos, simplemente, quedan guardados.

Y la realidad del hoy, es otra, oposición al ayer, y oposición al mañana.

Ojalá cambien luego las cosas, para poder abrazarte y poder mirarte.

Sin rencores. 

Confieso que no estoy contigo, pero igual te amo.

Confienso que estoy lejos, pero igual te sigo.

Confienso que cada lágrima, es por ti.

Y confieso que mi vida sin ti, segundo a segundo, no es más que un error.

Tantas fotografías, tantos sueños, tantas canciones y tantos momentos.

Cómo no amarte.

Escúchame, dos segundos más, apaguemos los relojes. 

La historia que te contaré, sin palabras. 

La conté ayer, quizás cuantas veces.

Nunca fue feo, todo lo que soy, lo soy por ti y esos momentos.

Todo, en absoluto te lo agradezco. 

Kilómetros pisados de la mano buscando abrigo. 

Pantalones y zapatos mojados, solo contigo. 

Jamás sentí frío.

Después de un tiempo, tantos conflictos, tantas peleas, en la playa recorriendo y tu.

Siempre fuiste tan comprensiva. Siempre estuviste ahí, y yo siempre a la defensiva. 

Ésto, a los dos se debe, sin embargo, yo soy quien las lágrimas bota, y tu en silencio, no sé que sientes.

Ofensas, ensuciando el óleo que juntos pintamos al hacer el amor.

El tiempo limpiará, lo que nos espera, yo no sé.

Sin ti ayer, hoy yo no sería.



Sencillas formas de gritar y ensordecerse.

Engañaste incluso tu conciencia.
Sentiste dolor, y lo ocultaste.
Dejaste pasar el tiempo y de un momento a otro.
Explotaste.-

Jamás pudiste callar. 
Guardar el silencio.
Diste gritos al infinito.
Sin querer, mañana te escuché.

De rodillas en el suelo.
Si te inviertes podría ser en el cielo.

Y a su vez, no todo tan sencillo.
Tu mente como melodía de piano.
No se identifican tonos, todos por todos lados.
Pero por qué escucho todo, como acordes afinados.



Deshecho del proceso.

Al tomar otro café. Líquido, tibio, bien oscuro. Levantas la tasa, y te sientes bien. Disfrutas éste como el último, es normal, ya terminaste. Y el tiempo pasa, no has vuelto a probar. No has sentido el momento exacto, ni situación oportuna. Sigo yo, secándome en la cafetera. Contagioso, eterno e inmune. Recuerdos que he de sostener. Tarde o temprano me verán caer. Como es, momentáneamente, soportable. Démosle tiempo para que sea fulminante. Posesión a lo lejos, aun te tengo. Y verte limpiar, olvidar, lista para otro. Mientras café secado, tomado, abandonado. Y en la bolsa de basura, hasta siempre. Proceso, hierve el agua, otro más. Para ti, tal vez es normal. Mientra yo soy basura en basural.



Retúndame.

Saco el polvo de los muebles.
Los ruidos se transforman, se convierte todo en silencio.
Se ha arrebatado el alma, sólo queda cuerpo.
Y me vi obligado a eliminar el presente, soy pasado más recuerdo.

El dolor de mi mente me ha tratado de convencer ¿Donde podrá ser?.
Para recordar lo mínimo, que esas mínimas imágenes se conviertan en gigantes emociones.
Para que no moleste la indolencia, para que no moleste lo que llegó a ser tu presencia.
Y poder volar, como gaviota de roca en roca.

Con mi mano derecha golpeo el cuero del tambor.
Hago melodías junto al ruido de éste bosque.
Bosque que me ha traicionado, ya transformó la simpleza en condolencia. Arrebátamelo todo si quieres, mucho ya no queda, no habrá mucha diferencia.

Y retúndame, retunda el calor de tu cuerpo.
Confunde conmigo el amor del sexo.
Abrázame otra vez, como lo hacíamos ayer.
Convénceme, sublime mujer, con cuerpo de madera.
Aun recuerdo ese olor a canela.

Golpéame tan fuerte, con la fuerza del viento.
Que ha de volar libre por los cerros, libre por los árboles.
Pero acaba chocando con el fuego, dónde pierde la plenitud de las libertades.
¿Te recuerda ha algo?

¿Y qué es lo que planeabas?
Pretendíamos cruzar todos los mares.
Acampar en el centro de la frazada.
Dónde romperíamos todo, con un simple grito.

¿Y qué es lo que pretendo?
Más que nada no tengo.
Y he sufrido como un perro.
La pena no tiene ni un poco de consuelo.



De rodillas.

A pedazos, te haz preocupado de romper todos los abrazos. Con violencia conquisté la libertad que me tiene preso, olvidado y a dolorido, el golpe ha sido fuerte y el dolor que siento, es como hambre, frío y sed cuando ando perdido en el camino y lejos del pueblo más cercano, disponiendo de dinero suficiente para comprar comida, bebida y abrigo, sin más que hacer, caminar durante horas, tal vez días. Y volví a dormir entre lágrimas, y volví a caer bajo el árbol donde me encontraba cantando, jugando y bailando. Arrodillado me quedé. Millones de sonrisas esparramadas como la sangre que se absorbe por la tierra que ahora en tiempos de sequía está dura. Volveré a sentir el acalorado suplicio del cemento en mis pies desnudos, porque mis zapatos se han perdidos, porque mis zapatos me han dejado. En otro pié han calzado.



Silencio, negro y tarde.

Automóvil y aceleración. Los tambores dejaron de sonar, producto de la impresión, producto del impacto. Segundos que parecieron horas de silencio. Llegó el caos, el no saber que hacer. Votamos los tambores. Un niño gritó -se murió el Pillín- fuimos hacia allá. Los perros desesperados tratando de hacer algo, los espantaron. Él, sus piernas traseras, yo las delanteras, cerca de la boca, dónde había una posa de sangre. Lo tomamos, lo dejamos a un costado y volvimos donde estábamos, niños y vecinos en una especie de velorio, la melancolía se percibía lenta desplazándose persona tras persona. Las ganas de seguir tocando se esfumaron. A los minutos seguimos practicando. Cuando nos fuimos el cadáver del perro negro ya se lo habían llevado. 



Accidente.

Es probable que pienses que sea falso.Pero somos seres pasionales.Y te vi aparecer, junto a eso, olvidé como era antes.Rompí un candado y abrí la reja, logré salir.Quizás queden secuelas, pero no importa, me verás sufrir.No podemos pedir que el cielo deje de ser azul.Al igual que evitar querer, cuando mueven tu suelo.Has hecho que quiera volar, sentir y quizás morir.Has alumbrado el bosque oscuro, donde tropecé.Procuraré dejar crecer tus árboles.



El vacío.

Los abrazos prometidos, las canciones escuchadas, el orgullo en tu mirada, las conversaciones prolongadas, tu habilidad, tu agilidad, tu forma de ver las cosas, libros leídos, saludos en la mañana y en la tarde, tu sonrisa, tu forma de hablar, a ti, viéndote dormir, que vallamos a comprar, caminemos sin hablar, tomar el metro, encontrarte, conocerte, admirarte.

Las peleas a todas las horas, tu mal humor, tus gustos musicales, el silencio al leer el diario, observar videos sobre cualquier cosa, tu sonrisa y tu nieto, el compromiso con la humanidad, tu mente abriéndose, tu forma de caminar, tus historias, simpático, el recuerdo, el deporte, como jugabas futbol, como conociste a mi madre. Fuiste (eres) la persona más noble de mi vida, ya no estás, junto a todas esas cosas más otra infinidad de sentimientos y recuerdos. Tu compañía.



Compañero.

Al caminar, al recorrer el persa de la vida. Al conocer los procesos de los días. Al participar como protagonista en el cambio de las cosas. Partir será como callar, será como un viaje donde no volver para tus oyentes, para tus pupilos será tu última lección, tu última enseñanza, tu máxima evaluación. Aprobarla, se ve complicado. Pero por tu respeto, por tu cariño. A paso sincero, pié firme, con bombos y platillos seré lo que tu hiciste lo que yo fuera, sin desvío. Tu sed por aprender ha sido tu máxima herencia, y he de comprender que seguir remando en ese bote nunca te hará terminar de marchar para adelante, con el objetivo de no llegar a ningún lado, para seguir conociendo, para seguir siendo ambicioso de algo no material.

A ti te extraño, a ti de admiro. Por ti yo callo, por ti miro el cielo y suspiro. Canto canciones y me convierto en ti, pero como tu quisiste, con mejor respaldo.

Qué sigas recorriendo el persa de la vida y espérame con sencillez, como acostumbras ser.



tiempo de fotografía.

El tic-tac del reloj, marcando el pulso del tiempo en la cocina.

Miro la muralla, el clavo se ha salido, y en concecuencia, el vidrio que protege el cuadro se ha quebrado.

Me paro, vuelvo a clavar, vuelvo a colgar.

La imagen sigue ahí, se ve más nítida, después de unos días, cuándo el reloj ya ha dado bastantes vueltas, la foto, sigue siendo igual de colores.

el tic-tac, ha sonado más veces de las que he mirado el cuadro. Me fijo en él, y veo que sus colores se han vuelto tristes.

Color rojo medio café, el azul menos claro y el verde casi negro.



Para no olvidarme.

Rebelde practicante de situaciones de la rutina diaria. Para no confundirme con mis compañeros. Para verme al espejo y reconocerme. Sentir que ando buscando algo y ojalá nunca lo encuentre Aunque nada esté perdido. Abrazo el cielo, me dejo caer, vueltas y vueltas, caigo en el mar. Floto entre olas, me sumerjo hasta el fondo y nado. Vuelvo a despertar y procuro no olvidarme.



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